¿Hacia dónde?

...Y de pronto cuando iba corriendo hacia la casa del hermano de su abuela. Sentíase aterrado de ver el aire tan rápido como su propia vida parecía haberse escrito en su memoria, veía hojas rojas y naranjas, secas y nostálgicas, volar por frente de él; atraidas eran por el viento ése que jalábalas hacia él. Giraban las hojas, mostrándose por ambas caras, pero cada vez más lejos, cada vez más invisibles, hasta que se perdían en la columna de viento, llena de humo, de tierra, de agua; formando una mezcla la cual era ya homogénea de elementos, que volvíanse imposibles de distinguir.
Derepente intentaban sostenerse sus piés a la tierra, así como sus manos intentaban buscar a algo de qué sostenerse; pero sintiose frustrado de no saber si de verdad no quería ser atraído por la columna. Pensaba tristemente que quizá lo que realemnte quería es que lo vieran volar, así que dejose ir, cerró los ojos y comenzó a girar como las ojas de octubre.
Al estar ahí arriba diose cuenta de que existía mucho más de lo que a él le habían permitido conocer. Al estar volando pudo ver las hojas de un árbol de su jardín, un árbol que sólo había crecido en su hogar, el cual ya estaba destruido por un terror anterior; también pudo ver el centro de la columna, donde se encontraban vacíos enormes, que pasaban encima de lugares que siempre quiso visitar, pero por estar arriba volando, no podía aterrizar en ellos.
Después de no mucho, después de muchas distacias y de varios intentos de ver hacia afuera de la columna, comenzose a percatar de que estaba ya en un luegar que no conocía y que siempre quiso conocer. Al estar ahí - aún volando - se asustó, ya que creía que ese lugar era cálido, pero aún así que se desepcionó y que incluso le daba miedo, quiso bajar a visitarlo, pero aún no podía, sólo lo vió de reojo y prometiose volver para conocerlo.
Ahora él ya está cansado, algunas hojas salieron volando por arriba de la columna, muchas otras siguen mezcladas en el lodo. Ahora ya que la columna está por ceder, él encuentrase buscando ya hacia el oeste donde quedó su destino, donde él sueña con volar sin necesidad del aire, sólo del deseo, y poder estar viendo por dondequiera que vuele.
La esperanza llega a él, aunque derepente se ha topado con ráfagas que lo siguen tratando de derribar y perder el sentido de a dónde dirígese, pero confía que con el tiempo, esas turbulencias ceden y que pasando éstas, podrá agarrar fuerza para seguir caminando hasta su destino donde se encuentra eso que le permitirá elevarse por los cielos, sonriente, seguro, sin miedos de caer, de que háganlo caer o de que ya no quiera elevarse más por encima de los demás que siempre quisieron verlo abajo y de aquellos que siempre creyeron en que llegaría al péndulo.
