El Bledo

Camina por ahí, donde está lleno de hiedras en las paredes, las cuales no te dejan sentirte más que ellas por su altura; donde están esos árboles, esos que si te caen encima te matan al instante, que ves desde kilómetros de distacia; donde se encuentran los lagos, inmensos de vida, donde te puedes ahogar en segundos; donde están los lobos, feroces y hambrientos, deseosos de tu carne, de tus entrañas, de beber tu sangre fresca y que corra pr su garganta; donde está tu peor pesadilla, esa deformación de la realidad que sólo tú sabes que tanto daño te puede llegar a hacer y que rezas al tiempo, a la vida y a no sé quien más, no llegar a enfrentarle; donde está una plantita, pequeña que cabe apenas en una mano tuya. ¿sabes de cual hablo?, de esa que una vez pisaste y que me costó tanto trabajo revivirla. Pues ahora está sufriendo, ya no da más flores, le da miedo florecer, le da miedo voltear hacia arriba y percibir ese pié que la va a aplastar, le da miedo que derepente desaparezca su especie por ser tan pequeñita, tanto que que los humanos no la ven, que casi nadie se intereza por ella, sólo unos cuantos que dicen que es 'tan importante como las demás'.
Eso no es lo que ella quiere. Lo que ella quiere es que le tengan miedo como mínimo a la hiedra. Poder causar miedo para vengarce de todos aquellos que despreciáronla por querer causar toda bondad; por querer ser apreciada por su ternura.
Se dió cuenta - o crée - que es hora de que la gente aprenda algo de sí, de que ya no ande ella enterrada, viendo gente pasar sin verla. Ella lo que quiere es que la voltéen a ver, causar pavor en la gente que alguna vez la despreció.
Tráemela de regreso, quiero que aprenda que no debe esperar de la gente nada, que esperar sólo daña el corazón. Debe aprender que por más pequeña que sea para los humanos, ¡es! y eso nadie se lo quita, aún muerta.
Me la debes de traer sana y salva, si no quieres que mate a tu hermano.
